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Turismo de venganza: nunca quisimos viajar tanto

Pasaron los días de confinamiento y más aumentaban nuestras ganas de playa, de ciudades, de viajar. ¿Por qué? El turismo de venganza o revenge travel es la razón. Te lo contamos todo en este artículo de investigación. Si algo nos ha enseñado la globalización a las nuevas generaciones es que el mundo es nuestro. Literalmente, danos la clave de internet y un lugar donde dormir y vamos a darle 80 vueltas al mundo en las vidas que nos queden. Pero, si algo nos enseñó el coronavirus es que no somos los únicos que podemos llegar a cualquier rincón del mundo con lo que tarda un clic. Un aprendizaje que nos golpeó sobre todo en ese aspecto: nuestra libertad. Históricamente hemos luchado por la posibilidad de ser y hacer cuanto podamos, todo con la intención de permitir un desarrollo más libre: conocer otras culturas, abrirnos a otras formas de ver el mundo…construir una realidad más pluralista, incluyente y respetuosa. Tanto así, que en 2019, el sector turismo generó 300 millones de empleos a nivel global, aportando el 7% de los bienes y servicios intercambiados en el planeta.* Desde muy temprano en este 2020 hemos visto cómo las puertas y barreras que se derrumbaron hace años han vuelto a erigirse con la intención de proteger a las poblaciones locales de una pandemia que crecía a un ritmo inconmensurable. Cancelamos viajes, pospusimos planes y nos confinamos en nuestras casas para resguardarnos. De acuerdo con la Organización Mundial del Turismo, podríamos estar mirando a un decrecimiento en la actividad del 60 al 80%. Las playas con océanos de un azul tan cristalino que se juntaba con el cielo pasaron de ser el viaje del verano a nuestro sueño más recurrente. El olor de las tapas y el tinto de verano se convirtieron en una evocación. Sentir el viento de Chicago o New York en nuestro rostro y el frío de la ciudad bajo varias capas de ropa seguiría siendo una sensación meramente retórica. Ni se hable de los viajes a Europa o al mismo Oriente…cosa aplazada hasta nuevo aviso. Alto ahí, sin suspirar y pensar que eso no volverá, que así como crecimos con la sensación de que el mundo era nuestro, también nacimos con esa obsesión innata por no aceptar un “No” como respuesta. Y esta no es la excepción. Nunca habíamos tenido tantas ganas de recuperar el tiempo perdido. Palabra por palabra. Segundo por segundo. Aunque la cuarentena se ha levantado en varios países europeos y es un tema flexible en Estados Unidos, América Latina se está ganando un lugar en los titulares mundiales “confinamientos infinitos”, que siguen poniéndole pausa a nuestros destinos turísticos soñados. En España, el quinto país con mayores pérdidas en turismo, una vez se habilitó la fase 1 de la emergencia sanitaria (posibilidad de salir con todos los cuidados de bioseguridad) los viajes no se hicieron esperar: Santander, Mallorca y todos los destinos que solo admiraban los turistas extranjeros empezaron a ser motivo de visita de los mismísimos españoles. De hecho, el 60% de los encuestados por Travel Advisors Guild planeaba viajar en el corto plazo. Pero ¿por qué? Para entender lo que estamos a punto de explicar, debemos remontarnos a 1966. En esa época, existió en la actual China un dictador comunista llamado Mao Zedong, que logró dominar la región hasta casi los años 80. Sus posturas políticas extremas llevaron al país a un estado de pobreza y austeridad tal, que cuando la economía empezó a repuntar una vez salió el del poder, existió una oleada de gastos por parte de la población que se conoce como “revenge spending”. Muchos expertos creen que, así como el maoísmo llevó a China a una época de austeridad, la pandemia del COVID-19 generóun momento de recogimiento espacial y económico en la actualidad que también puede llegar a un “revenge spending” que se enfocará en una sola cosa: viajes. Así como España, Italia perdió cerca de 34 millones de turistas por el COVID, pero cuando entró en una etapa de flexibilización, fueron los locales quienes empezaron la reactivación del sector con viajes a destinos italianos como Sardegna, Positano o el Lago Como. El revenge travel será una tendencia que tenderá al alza y a la permanencia, dado que pasará un buen tiempo antes de que podamos tomar un vuelo internacional, y mucho tiempo más antes de que podamos hacerlo sin demasiadas restricciones (se habla de que necesitaremos prueba de inmunidad, cuarentena obligatoria al llegar, vacunación…) Viajar por venganza suena más que bien, sobre todo cuando llevamos varios meses en confinamiento y hemos tenido tiempo para encontrar más destinos turísticos que quisiéramos conocer y con los que hemos estado soñando sin parar. Ahora, viajar dentro de nuestros propios países suena aún mejor, pues seguimos cuidándonos en cuanto es posible y empezamos a activar la economía local, que es la más importante en este momento: ayudar a nuestra propia gente a salir de un letargo económico, social y hasta emocional que todos hemos sentido. Se estima que el turismo como lo conocíamos antes de la pandemia tendrá un periodo de recuperación de 19 meses, una vez se estabilice la situación mundial. Por el momento, el revenge travel es un concepto que se avista en el horizonte como parte de la nueva normalidad que viviremos. Solo queda por definir el cuándo, que más que una tendencia mundial del control de la pandemia es una decisión de cada país y región según los números de contagios y normas establecidas para viajar.

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