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MUJERCITAS, UN MANIFIESTO DE EMPODERAMIENTO FEMENINO

Actualizado: jun 2

Cuando la directora cinematográfica Greta Gerwig unió su genio creativo a la innegable capacidad actoral de Saorsie Ronan en Lady Bird (2017), el mundo las aplaudió por explotar el poder femenino y por lograr una película, para muchos, excelsa.


Esta vez, a la genialidad de Greta y Saorsie, se le unen estrellas del tamaño de Meryl Streep (de 10 puntos, como siempre), la recientemente ganadora del Oscar (y una favorita de quien escribe) Laura Dern y Emma Watson, para recrear un clásico de la literatura norteamericana como lo es Mujercitas.


El reconocido libro de Louisa May Alcott cuenta las vicisitudes de una familia constituida casi que en su totalidad por mujeres: 4 hermanas y su madre. Con el caos que trae el tener 5 mujeres viviendo bajo un mismo techo, las March se presentan como una familia unida, trabajadora y muy bondadosa. Capaz de hacerle frente a todo.


Empezamos por Jo March, que quiere ser escritora y vive en New York con la intención de perseguir su sueño. Es la primera a quien conocemos y el hilo conductor de esta trama que nos lleva por pasajes cotidianos de una familia que lucha por salir adelante en el Siglo XIX.

En este punto hay una reflexión interesante y es: para las mujeres de esa época la única forma de salir adelante era casarse. Más por lograr cierto status que por amor, según parecen pensarlo algunos personajes del film. Pero no para las Mujercitas. Todas ellas quieren casarse por amor. Y luchan, entre otras cosas, por lograrlo. Aunque eso también signifique desamor.


El hecho de que en ese momento de la historia, tan patriarcal, tan “transaccional”, nos presenten a unas mujeres tan libres, tan decididas y con tanta determinación, tiene que significar algo.


Como la intención siempre es dejarlos disfrutar de la película y no hacerles ningún spoiler, solo voy a decirles que la adaptación del libro al guion está muy bien lograda. Greta Gerwig no es una novata y lo sabe. Todos lo sabemos. Tiene el talento para escribir muy bien sus obras y eso se nota. No van a sentir vacíos narrativos, ni carencia de profundidad en los personajes principales, ni falta de ritmo en la historia.


Lo único que sí me deja con la intriga -y les confieso que no me he leído el libro- es el poco peso que tienen los roles masculinos dentro del desarrollo de la historia. Dirán: pues, obvio, la película no se llama Mujercitas por nada. Y sí, tienen razón. Pero se me hace, y puedo pecar de conspiradora, que se trata de una adaptación que quiere resaltar, enaltecer y reforzar el mensaje feminista que hay en el ambiente global desde hace algunos años.

Y está perfecto.


En especial cuando lo ejecutan de manera tan brillante, con planos tan dicentes y limpios que logran retratar toda la belleza de los paisajes; cuando el vestuario fue impecable (se ganó el Oscar en esta categoría y también es una mujer la diseñadora), en todo sentido, y las actuaciones impresionantes de estas mujeres se llevan toda la pantalla del teatro.


En especial cuando muchas directoras se quedaron por fuera de los Oscar. Olvídense de la estatuilla: muchas no fueron nominadas. Entre ellas Gerwig.


En especial cuando te presentan mujeres que piensan distinto aunque sea 1868. Que quieren escribir aunque no sea lo común, que quieren casarse por amor (aunque eso tampoco sea lo común) y que quieren, sobre todo, ser libres y estar en paz con sus decisiones, aunque para su género eso no sea lo más visto en el momento.


Es un clásico revisitado de la mejor manera posible, que muestra la belleza de lo cotidiano y la importancia de la vida “simple”, pues es allí donde están los verdaderos detalles. Es allí donde encontramos la verdadera belleza. Incluso para el cine.


La película se convierte en un manifiesto del poder femenino por todo esto que les he venido contando: los talentos que se juntaron para lograrlo, la forma en la que cuentan la historia, la capacidad narrativa y la potencia del mensaje de la película, el empoderamiento…

Mejor dicho, esta adaptación es una historia en la que llorarán, reirán y hasta reflexionarán -también- sobre los diferentes roles y todas las virtudes del género femenino. En lo personal, me gusta pensar que cada una de las March (la familia) representa una capacidad de adaptación y una virtud femenina distinta, todas atravesadas por lo que, supongo, es un hecho conocido: cuando una mujer tiene algo en la cabeza, lo cumple, aunque todo el mundo esté en contra de ello.


"Prefiero veros convertidas en esposas de hombres pobres pero felices, amadas y satisfechas, a que seáis reinas en su trono, carentes de respeto y de paz" - Mujercitas-

VHR

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