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JOJO RABBIT: REÍR PARA NO LLORAR

Actualizado: jun 2

Como siempre y, más que nunca, quiero que antes de leer este artículo tengan en mente que estas son opiniones (toda opinión es personal) y que no soy un experta en la materia. Solo alguien que disfruta ver películas.


Está claro que la belleza del arte está en los ojos de quien lo observa. Esta película es la prueba viviente de ello.


La academia la nominó a varios premios y Taika Waititi, director de la película, ganó el Oscar a mejor adaptación de guion; pero la crítica mediática se encargó de destruirla al catalogarla como un retrato poco divertido del Nazismo (el más noble de todos los calificativos que le atribuyeron, para serles sincera), fracasando en su propósito inicial de Satirizar el odio extremo.


Difiero completamente de la opinión de los críticos. Y la academia me respaldó con sus 6 nominaciones (es el segundo director neozelandés con mayor número de nominaciones en unos Oscar).


El nazismo, la esvástica, Hitler, Alemania en la Segunda Guerra Mundial. Todo lo hemos visto. Miles de veces. Siempre salimos llorando, como en La Lista de Schindler (¿Se la han visto?)

Aquí todo es diferente.


Jojo es un niño de diez años que se ve incluido en las filas del movimiento Nazi y está, aparentemente, muy convencido de ser ario y de alinearse con el pensamiento de Adolf Hitler. Cómicamente, es el mismo Hitler (El mismo Taika Waititi) quien se presenta como el amigo imaginario de Jojo, ridiculizando en muchas ocasiones el discurso racista y las exigencias del nazismo con sus simpatizantes. Les confieso que, al unísono con la sala, estallé en carcajadas con más de una aparición del dictador en esta faceta satirizada.


Así mismo, Waititi intenta mostrarnos desde la risa y no desde lo trágico, la imagen que los alemanes pro Hitler tenían sobre los judíos, retratándolos como seres que tenían cuernos y poderes mentales. Graciosísimo. Les juro que se ríen, pueden escribirme para que les reembolse el dinero del entrada si no es así.


Todo se complica aún más cuando Jojo, confundido de por sí al ver que, en palabras de su amigo Yorki: “no tendría cómo reconocer a un Judío porque parecen personas normales”; descubre que hay una joven (judía) escondida en su casa. Y es su madre quien la esconde.

Ante tal dilema, Jojo y el Hitler imaginario empiezan por idear estrategias para acercarse a ella y encontrar el “nido” donde se esconden todos los judíos, o mejor, recolectar información suficiente como para poder reconocer a uno a kilómetros de distancia; y terminan por sentir mariposas en el estómago.


Como en todas las películas, las cosas terminan del lado contrario.


Y ahí es donde no entro en spoilers y más bien les explico por qué difiero completamente de la opinión de tantos periodistas expertos en cine y más bien me inclino por las nominaciones de la academia.


Esta es una de esas películas que los expertos odian y el público en general ama. Entonces, para mí, que no soy experta y que considero que el cine es, precisamente, un arte para el entretenimiento de la gente -no para la crítica de los expertos-: la película es muy buena.

El mismo Waititi acepta que su película puede crear divisiones y así se lo dijo a The Guardian: “(el que cree divisiones) no es un insulto, significa que crea una discusión.”


Y es precisamente este el punto que les traigo, una discusión. Entre tantas risas y algunas lágrimas, algo hizo clic en mí para iniciar un debate interno: ¿es esto lo que muchos alemanes pensaban de los judíos? ¿es justamente así como el odio ciego toma lugar en la vida de alguien, dejando cero espacio a la duda, hasta que le toca confrontarse con la realidad?


Es muy chistoso ver a Hitler exigir un Heil Hitler, estoy de acuerdo. Pero no es tan chistoso una vez empiezas a pensar que esas exigencias fueron reales. Que el odio ciego existió. Que la mentira fue la mejor propaganda política de los nazis, que la desinformación fue la aliada número uno; que muchos alemanes, en ese momento, pensaban igual que ese niño de 10 años.

Y justo ese momento de reflexión interna concordó con el giro dramático de la película. Entonces ya no me parecía tan chistoso sino más bien triste pensar en lo mucho que perdemos como humanidad cuando el extremismo es el protagonista.


A mi parecer Jojo Rabbit cumple su objetivo de entregarte el mensaje de una manera distinta, de hacerte ver una historia contada mil veces desde otro punto. De entregarte el séptimo arte desde un género poco explotado en este tipo de temáticas. De tocarte la fibra entre muchas risas y alguna tristeza.


Así que, esta es la opinión de una inexperta: Vale la pena invertir los 108 minutos que dura la película, que es una sátira muy bien escrita con un tono de humor negro que le da el toque de realidad necesario para reír para no llorar, como bien dicen por ahí.

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